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Sin título

"Dios te bendiga" fue su despedida.
Se debe avanzar y mirar atrás no es uno de los ingredientes de esa receta.
Así que ni caracoles ni pelotas de béisbol.
Esperando mi carta llegue aún sin la paloma mensajera, la firmo con tinta mecanografiada.
No hay receta para la carta final.

Gracias siempre por el amor, las risas, los abrazos, las películas, los viajes, los regaños, los desayunos a las 2 de la tarde los domingos, los regalos, las historias, los pelos de perro en las sábanas al dormir, los rompecabezas en 3D con bloques de plástico para volar en naves espaciales, los estrenos, los conciertos, las sonrisas, por dejarme llorar en una roca afuera de tu casa porque no me merecía dormir adentro, por dejarme vomitar tu auto, por reírte de mis chistes, por comerte los biscochos desinflados que te preparé, por dejarme el gusto por los comics, por jugar como dos niños a hacernos cosquillas, por complacerme, por cuidarme, por amarme.

Gracias por regalarme pelis vintage de heroínas ninfómanas, científicos espaciales diminutos viajando dentro del cuerpo de un incauto, o aquella en la que lloro al tener que despedirme de los monstruos infantiles.

Gracias por el estadio de béisbol, los autos de carreras y el fútbol de veteranos.

Gracias sin duda también, por dejarle conocer a mi cuerpo y a mi piel lo satisfactorio del deseo y por saciar siempre a mi sexualidad.

Con cariño y con amor: gracias Mc, siempre gracias.

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Una vez más: compañera de soledades. Un abrazo fuerte.
Fuerza

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