jueves, 31 de agosto de 2017

:: Llueve demasiado

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Es increíble cuanta lluvia está cayendo en éstos días, temo quedar sumergido por ahí, quizás rumbo a la casa después de un día duro de trabajo y estrés, quizás alcanzado por los ríos desbordados de la ciudad.

Los ríos, vaya maravilla que son esos ríos, vaya ímpetu suyo de no querer desaparecer aún y cuando los hombres se han aferrado a encerrarlos en tuberías. Si he de quedar sumergido, ojalá sea por uno de esos atrevidos y necios ríos, al menos eso pienso cuando los charcos profundos de la lluvia alcanzan mis pies y los empapan.

Hoy voy caminando, no quise manejar. Necesitaba despejar mi mente y olvidarme de la presión de está ciudad, suficiente tengo con tu recuerdo alucinante que no me suelta, como para atormentar más a mi mente con el tráfico por hoy. Decidí tomar la calle 9, esa que sale al parque central. La calle está sola, supongo que la gente le teme a la lluvia, a mojarse, a enfriarse y caer en resfriado, qué se yo. Para mi es el momento ideal, camino bajo la lluvia y me detengo en el parque central, necesito un árbol con una Copa  grande y ramas extendidas para cubrirme un poco de la lluvia bajo su manto. Cierro mis ojos y tomo aire profunda y levante, por fin logro escuchar mi respiración, no más ruido más que el agua cayendo por doquier. Es sencillamente delicioso oler la hierba húmeda del parque, estoy seguro que hay un limonero por ahí, pues huele mucho a limón, ese aroma secuestró  mi nariz, tanto, que casi puedo ver materializado su fresco aroma en gruesos hilos envolviéndome como un torbellino, casi igual a cuando vivías conmigo y me rodeaba tu perfume de mujer recién bañada por las mañanas, quizás por eso me pone tan de buen semblante el olor de bañera recién usada.

Pasa el tiempo lento y siguen mis párpados reacios a levantar la cortina. Me siento como sumergido en un enorme bosque, huele tanto a naturaleza. Tengo mis manos sobre la tierra mojada y me es tan relajante que instintivamente llevo mis manos a mi boca y mi nariz, huelo la tierra húmeda pegada en mis dedos, que aroma tan fresco. No puedo evitar probar mis dedos terrosos con la punta de mi lengua... un deleite sin igual, tiene un sabor tan mineral que me es inevitable remontarme a nuestros juegos bajo las sábanas antes de dormir, en aquellas noches frías, lamiendo entero tu cuerpo fresco y natural. Tu cuerpo me sabía a gloria, pero nada más dulce que tus labios rojos, tan dulces que no importaba lo que tocaran antes de mi, siempre ganaba tu sabor a dulzura. Probé de todo con esos labios tuyos: café, pasta de dientes, tu sangre después de aquel salvaje beso, locos arrebatados los dos. Pensando en tu boca, es inevitable pensar en tu lengua también, cómo no hacerlo si esa lengua es milagrosa, curando cuanto mal me agobies con tan sólo tocarme la piel, los labios, mi sexo. Un milagro! Si, un milagro es lo que era tu presencia entera para mi.

Una muy fría y grande gota de lluvia me despertó del sueño de tu cuerpo en el que había caído sin darme cuenta. La lluvia está tan fría, que recordé tus pies helados despertándome a mitad de la noche con sobresalto, era la interrupción nocturna más oportuna, pues se convertía en el preludio de tu suave piel a cuerpo entero para mi. Maldición, nuevamente estoy soñando.

Necesito volver a casa ya, el parque está tan solitario que me siento a ratos perdido en un campo abierto a kilómetros de mi hogar, el cielo sigue cubierto de una espesa neblina plateada que parece brillar con la poca luz de Luna que la toca. Los candiles no funcionan y todo alrededor es una completa y tenebrosa oscuridad. Ha llovido tanto que la calle entera parece un infinito espejo de agua, será que si me asomo logro ver mi reflejo? O será que estoy tan trastornado que termine viendo el tuyo?

Será mejor pensar en lo normal: que llegaré a ver en la televisión, qué me pondré mañana, qué voy a cenar.

A lo lejos escucho un eco de tacones altos, un auto estacionándose. No hay nadie. Necesito descansar.

Sigue lloviendo, tengo miedo de quedar sumergido.  Camino. Tengo comezón. Hace mucho frío. Sigue lloviendo. Yo solo camino.









miércoles, 28 de septiembre de 2016

::: Massage

Se sentía realmente tensa, necesitaba relajarse.

Buscó en la web bajo el tema de massage.

La red (inteligente como solo ella), le sugirió los lugares de masajes y spa más cercanos a su ubicación.

Como es usual en ella, para qué ir tan cerca, cuando puedo disfrutar del camino yendo un poco más allá.

Tomó nota de la ubicación y salió al encuentro del lugar que se anunciaba con: masaje de relación, manos exquisitas y espléndida ambientación. Llegó al lugar, música de sinfonías armonizaban la estancia.

Una vez entrado en la habitación de masajes, se preparó: retiró sus prendas como parte del ritual. Música de violines acompañaban el suceso. Ella llevaba un vestido ligero de algodón, escotado por delante y por detrás, sin mangas, dejando ver sus hombros blancos. Deslizó suavemente los tirantes por encima de sus hombros, y estos resbalaron sin impedimento alguno hasta caer detenidos en su cintura, sus caderas no lo dejaban continuar su camino al suelo. Con un ligero jalón, terminó de deslizar el vestido por completo.

Dejó el vestido colgado en el perchero de la pared y caminó hasta la camilla de masajes. La camilla era suave, incitadora. Se recostó boca abajo y puso de costado el rostro para iniciar, cerró sus ojos. 

Una vez adentro, un par de manos sujetaron suavemente su rostro y acompañadas de una voz que creía reconocer le decía: boca abajo, es mejor si estás completamente boca abajo. Giró su rostro haciéndola mirar al suelo y colocándo su cara en el centro del orificio de la cama, respiró profundo y se relajó.

La música no cesaba nunca, nunca se apagó. Un aroma de finales de otoño invadió la habitación, velas encendidas calentaban dulcemente el aire y la iluminación parecía de pronto haber disminuido.

Las manos que antes habían tocado su rostro, ahora untaban aceite resbaladizo entre sus dedos para después tocar suavemente su espalda. Empezó tocando su espalda con los pulgares de sus manos, despacio y sin prisa. Lentamente incorporaba los demás dedos de sus manos, las prominencias de sus palmas e incluso irónicamente, sus huecos también. Manos grandes, firmes, suaves, tan bien definidas que ella aún con los ojos cerrados, fue capaz de dibujar su anatomía en su imaginación. Sutilmente recorrió su espalda completa, parecía contar cada una de sus vértebras, acariciar cada capa muscular, desenredar cada nudo aparecido. Recorrió su espalda, su nuca y estando ahí, acarició suavemente sus orejas también. 

También tocaba sus hombros, recorrió sus brazos y pareciera intencionalmente, confundir de modo muy oportuno la espalda baja y el inicio de sus caderas suaves. Al llegar ahí, a ese punto donde la espalda y las caderas se separan por dos ligeros y sugerentes huecos, coquetos como los hoyuelos de la sonrisa de una mujer, se encontró con que la piel no estaba desnuda. La chica había olvidado retirar todas sus prendas...

La voz que sugirió antes permanecer boca abajo, ahora le sugería retirar por completo las piezas de algodón que la cubrían: "de lo contrario, podría estropear sus prendas, además que se perdería la oportunidad de relajar su cuerpo entero", le decía casi susurrando cerca de su oido.

Ella accedió con la simple señal de no poner resistencia a esas manos deslizando sus pantaletas a lo largo de sus piernas suaves y contorneadas.

El masaje se extendió cubriendo su cuerpo completo, ella no podía más que entregarse a esas manos que hacían con su cuerpo toda una sinfonía.

El tiempo perdió medida, hasta que la música terminó.

Sin violines, sin más aroma a otoño, sin más allá que el rezago del calor de las velas consumidas y con una luz que poco a poco recobraba su blanco artificial, ella cayó en cuenta que el momento había terminado.

Apenada, volteó hacia los lados, no había nadie.

Se incorporó desnuda sobre la cama de masajes y buscó la sábana más cercana para cubrir su vulnerabilidad.

De verdad no había nadie. Tomó sus ropas, vistió su cuerpo y antes de salir, las comisuras de su boca cosquilleaban pensando en volver.




                                                                ... esperando aquí, boca abajo, porque siempre es mejor boca abajo

miércoles, 27 de abril de 2016

Aprendiendo a colorear

Mi mamá me enseñó a dibujar.

Ella me enseñó que la mejor forma de no salirme de la línea es marcando primero toda la orilla de manera gruesa y después rellenar del centro hacia afuera de la figura, el marco interno dibujado primero evitaría que me saliera del contorno original.

También me enseñó a colorear con pollito de colores, tomaba un cúter o navaja de las de rasurar de mi papá y rallaba el grafito de los lápices de colores haciendo polvito con el que después con ayuda de su dedo, un papel o algodón, tallaría sobre el papel para colorear tan lindo que parecieran nubes esparcidas por la hoja.

Me explicó que la mejor forma de dejar un dibujo lindo era coloreando siempre en la misma dirección. Si primero dibujaba de arriba hacia abajo y después de derecha a izquierda y después en círculos, mis dibujos siempre terminarían rayoneados como "de kinder" y ella sabía que yo podía hacerlo mejor. 

Por si no fuese suficiente, me enseñó también a difuminar mis coloreadas una vez terminadas, usaba papel de baño, servilletas o sus dedos para eso, pues pese a los múltiples consejos y enseñanzas de como colorear, ocasionalmente terminaban mis dibujos ligeramente disparejos.

Y como era experta en "trucos de coloreadas para dummies", aparte de todo lo anterior, tenía un truco maravilloso que era la goma borradores de tachones y salidas de líneas y contornos, pues por si resultase yo un poquito necia con el asunto de rebasar las líneas, uno de los toques maestros era borrar esas imperfecciones con la goma cafe de migajón o la famosa de dos colores para lápices necios y los rayones mas difíciles.

Como podrán ver, mi mamá no solo era una experta coloreando sino además una apasionada de las revistas para iluminar. Si algo nunca me faltaban, eran libritos de barbie o la familia Telerin para practicar sus enseñanzas.

Sin duda mis habilidades creativas se las debo, pero especialmente estas que les platico me enseñaron mucho más. De ella aprendí a amar los colores, al grado que no solo quería verlos en papel, quería verlos en todas partes: en mis zapatos, en mis jeans, en mi cabello, en las personas, en la calle, en el cielo, en las flores, en la vida y mundo entero.

Le aprendí a colorear mi vida entera para nunca verla gris, le aprendí a colorear soles grandes, tan redondos, amarillos deslumbrantes y con rayos que te alcanzan a tocar, que nunca se apagan y que te demuestran que siempre hay aunque sea un ratito de luz para ti.

Le aprendí a dibujar nubes con figuras divertidas y traviesas que cuentan cuentos en el cielo si las sabes ver. Y también le aprendí a dibujar vientos juguetones que se las llevan y arrastran lejos cuando dejan de ser blancas y divertidas como algodón de azúcar y se convierten en grises nubes que tapan tu sol y no te dejan ver, esas que te ponen tristes y te dan ganas de llorar.

Me enseño sin quizás darse cuenta a ver la vida llena de colores, siempre llena de colores, tantos!!! Me enseñaste a pintar mi vida entera y no querer jamás la obscuridad. Me enseñaste a vivir y ser feliz, siempre feliz.

Me enseñaste tantas cosas mamá, que hoy deseo pintarte un cielo tan hermoso que quieras vivir ahí, pintarte un jardín y que desees verte abrazada de un árbol ahí, pintarte flores de colores que huelas cada que me recuerdes.

Te extraño tanto mamá, que hoy recuerdo hasta las mas simples enseñanzas y se convierten en tan valiosas lecciones de vida.

Te extraño tanto que no quisiera dejarte nunca de escribir aun y cuando se que mañana no querré levantarme para ir a trabajar.

Te extraño tanto que el alma se confunde entre llorar de felicidad o de añoranza de tus brazos, de tus besos, de tus palabras hermosas, de tus ojos tiernos, de voz tan dulce.

Dicen que no te debo de llorar pero aun no aprendo como hacerlo, eso nunca me lo enseñaste mamá. 

Te amo.

miércoles, 13 de enero de 2016

Anoche soñé contigo

Anoche soñé contigo, estabamos en casa. No recuerdo el color de la pared, el tipo de piso o los muebles que teníamos; lo que si recuerdo claramente es que llegabas de la calle con papá, yo estaba en casa.

Cuando los vi entrar estaba tan sorprendida, verte entrar por esa puerta tan... normal, tan sana, tan feliz. Te dije emocionada: mamá, estás aqui!! Y volteaste a verme sonriendo y me dijiste: si, aquí estoy.

- Pero...?? De verdad?? Puedo abrazarte??
- Ven

Y me extendiste tus brazos, cortitos como tu, con tus manos pequeñitas. Veía tu amor saliendo en tu mirada como siempre que te acercabas a mi para abrazarme, feliz de hacerlo.

Y cuando estabamos cerca te pregunté:

- Pero, que pasó?
- Ya estoy aquí, todo fue un mal sueño.

Y me abrazaste. Yo no podía creerlo, cómo podía ser posible? Y todo lo que habíamos pasado? Todo eso? Seguro estoy soñando, pensé.

Si es verdad que estoy soñando entonces cuando te abrace no sentiré nada, es como pellizcarte en un sueño y no te duele porque estás dormido. Pensaba todo eso tan rápido como cuando chocas y tu vida pasa completa frente a ti.

Y cuando por fin me tocaste con tus manos, éstas estaban calientes, casi me quemaban, como siempre las tuviste.

Las sentí! Las sentí! Están calientes, casi me queman! Siento tu calor mamá! No estoy dormida, es verdad, era un mal sueño, solo soñé algo horrible y por fin estamos bien! Estamos bien!

Y entonces te abracé por horas, no podía soltarte, me sentí tan feliz. Estabas ahí y yo estaba contigo otra vez.

Te dije que te amaba, que estaba feliz de que estuvieramos juntos otra vez, que seríamos muy felices, que no te quería soltar.

Te pregunté si podía abrazarte para siempre, si podía durar horas abrazándote y me apretaste mas. Dijiste: para eso vine, estoy aquí.

Estuve ahí, estuviste ahí, nos abrazamos, te sentí tan real, solo había sido un sueño y habíamos despertado. Y de pronto, en algún momento y sin querer, me volví a quedar dormida...

Espero me despiertes pronto otra vez.

Te amo mamá.

domingo, 3 de enero de 2016

Semanario

Te lloré literalmente hasta cansarme,
Te lloré literalmente hasta dolerme el alma,
Te lloré literalmente hasta quedarme sin lágrimas, hasta quemarme la piel, hasta dolerme el cuerpo entero, hasta trabarse mi quijada, hasta que los ojos se cerraran de hinchazón, hasta  quedarme dormida, hasta que las palabras se agotaron, hasta acabarme el papel, hasta acabarme la pluma, hasta sentirme vacía, hasta no tener con que llorar.

Te he llorado días enteros y te he visto por doquier. La casa, el auto, la calle, las personas, las frases, los lugares, las películas, los momentos, mi familia; todo me recuerda a ti.

- Cuánto tiempo le lloraste a tu mamá?
- Su partida siempre va a doler, solo que eventualmente dejarás de llorar cuando pienses en ella. Con el tiempo tus recuerdos dejarán de estar llenos de lágrimas y comenzarás a recordarla con felicidad.

No tengo idea cuánto tiempo más te he de llorar, muy probablemente la vida entera. Si mis lágrimas cambiarán o no su cantidad, intensidad o sentimiento? De eso no tengo la más mínima idea, lo que si sé es que tuve la madre ideal para mi.

Dicen que ahora descansas, que estás en el cielo, que ya no sufres, que eres mi ángel, que nunca te irás, que me acompañarás y cuidarás toda la vida, que sea fuerte, que todo pasará, que pronto todo será diferente, que algún día lo entenderé, que el día que me toque a mí te veré esperándome. Dicen tanto y yo sé tan poco.

Te amo mamá.
Siempre juntas, aunque sea de un modo que efectivamente no alcance a comprender.
Te amo.

martes, 22 de septiembre de 2015

The sweet love between the moon and the deep blue sea

La Luna ha estado ahí por tantos años, tantos que ha perdido la cuenta muchas veces. A la distancia ha conseguido hacer algunos amigos, asteroides, estrellas, planetas.

Uno en especial desde el inicio le llamó, uno de un color inigualable, de una fuerza imposible y un carácter tormentoso y suave a la vez.

Conoce muchas de sus caras, las ha recorrido todas una y otra vez.

La Luna lo mira, lo sueña, ha deseado repetidamente tocarle, sentirle recorrer cada cráter de su superficie, lo imagina penetrando hasta lo mas profundo de sus cavernas lunares, humedeciendo sus tierras, escurriendo como ríos por doquier. Sueña con amarle eternamente y un día poder ser poseída por sus aguas.

El Mar, profundo como los ojos huecos e infinitos de Medusa, también sabe que la Luna está ahí: arriba, mirándole sin cansancio ni reclamo. Piensa que ella tiene el brillo mas hermoso que jamás ha visto.

El Mar se esfuerza, se evapora buscando alcanzarla y después se llueve entero de tristeza de no conseguir tocarle. En las noches de marea, alza alto sus brazos marinos con esperanzas de poder acariciar su superficie plateada, pero nada, nada; sin importar cual altas sean sus olas, que tan fuertes sus mareas o estruendosas sus tormentas.

La Luna llora también, llora y muestra a la Tierra solo la mitad de ella: a la que nunca verán llorar, pues la pena a su amor el Mar quiere evitar.

Después, cuando el Mar se calma y la Luna se repone, ante la resignación de su distancia que se opone, hacen un pacto entre los dos: se han declarado amor eterno y un lenguaje que en silencio los juntó.

Se aman en silencio en las noches enrojecidas, el color de la pasión. La Luna encendida de deseo toca a su amor el Mar con una luz que aturde, que lo incendia por completo hasta sus mas profundas aguas. Ese color incandescente son sus brazos que cruzan el tiempo y las distancias, que acarician sin recelo a su amante náufrago. Y él simplemente se rinde a sus antojos y le restriega sus aguas como felino ronroneante entre sus hilos encendidos.

Esas noches rojas no te bañes en aguas marinas si quieres dormir, porque la pasión de la Luna y el Mar te harán arder de fiebre sin sentido, te harán desear nadar desnudo en sus aguas eróticas. Y dicen, los que saben, que puedes sentir sus caricias sobre tu piel, pero que nunca mas regresan, no pueden, no deben, no quieren volver. Dicen los que saben, que eso cuentan los fantasmas nocturnos con la brisa marina como su voz.

https://youtu.be/raZWhRYfhMo

lunes, 20 de julio de 2015

:: soberbia

Entre el extrañarte y mi soberbia me mantengo, me sujeto de un barandal de cristal.